jueves, 20 de noviembre de 2014

EL ARZOBISPO DE GRANADA DEBE CESAR INMEDIATAMENTE

Después de conocerse los gravisimos hechos ocurridos en su Diócesis, Francisco Javier Martinez debía haber dejado de ser arzobispo de Granada por propia iniciativa, pero dado que la dignidad y la vergüenza no van con él, desde Roma no debe demorarse la orden para que este sujeto sea removido.
Clama al cielo que sea el Papa quién haya tenido que reaccionar personalmente a las súplicas de la víctima denunciante, ante la inacción de su arzobispo. Un prelado del que es lógico desconfiar, no sólo por este caso, sino por un largo historial de polémicas y escándalos; diversas declaraciones que denotan una ideología ultraconservadora, publicación por editorial de su Diócesis del libro "Cásate y sé sumisa" (el título lo dice todo), y sobre todo, una condena por coacciones e injurias de la que posteriormente fue absuelto por considerarse prescritos los delitos.
Ahora, ante un caso de abusos sexuales, delito sobre el que la Iglesia viene mostrando tolerancia cero desde hace años y especialmente desde que Francisco es Papa, el arzobispo reacciona con tibieza, siendo benévolos en el calificativo.
Por supuesto, ni contemplamos la posibilidad de que la Asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española, que se encuentra reunida durante toda esta semana, y mañana concluye, se pronuncie en apoyo de Javier Martinez, ni en forma de comunicado ni declaraciones públicas del portavoz ni de cualquier otra manera. Es más; tendrían que ser los propios obispos españoles quienes le instaran a renunciar y pedir perdón. Cualquier otro posicionamiento público de la CEE que no vaya en este sentido, sería un escándalo añadido. Pero confiamos en el buen juicio de Blázquez y sobre todo de Osoro, para cortar de raíz cualquier ocurrencia disparatada que pueda surgir de algún prelado más cercano a Javier Martinez.
Cada día que pasa sin que el Arzobispo de Granada renuncie es un pisoteo a la dignidad de las víctimas y un insulto a toda la comunidad católica.

sábado, 8 de noviembre de 2014

CAMBIOS EN EL GOBIERNO DE LA IGLESIA

Francisco ha realizado algunos movimientos importantes en el organigrama de la Curia; el cardenal Burke cesa de Prefecto del tribunal de la Signatura Apostólica, pasando a ser capellán de la Orden de Malta (cargo sin funciones ejecutivas en el gobierno de la Iglesia), y el arzobispo Gallagher es nombrado Secretario para las Relaciones con los Estados. Mamberti, hasta ahora titular de este puesto, sustituye a Burke en la Signatura Apostólica.
El inglés Gallagher, de 60 años, es un experimentado diplomático vaticano que ha tenido como último destino la nunciatura en Australia. Anteriormente ocupó diversas delegaciones diplomáticas de la Santa Sede. También trabajó en la Secretaría de Estado y es buen conocedor de la Curia Romana. El cargo para el que ha sido designado por el Papa forma parte del "núcleo duro" de la Curia, encuadrado dentro del organigrama de la Secretaría de Estado, y siendo equivalente a un ministerio de asuntos exteriores. Estará jerárquicamente sólo por debajo del Secretario de Estado, Parolin, y del propio Papa.
En cuanto a Burke; se trata del cardenal que, respaldado por Müller (Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe), ha liderado todas las conspiraciones previas al Sínodo y en la propia asamblea sinodal. Recordemos que Burke, junto a otros cardenales llegó a reunirse con Benedicto XVI para pedirle que provocara un cisma en la Iglesia. Ratzinger, por supuesto, se negó e informó a Bergoglio.
Sin duda, son decisiones importantes, que continúan la línea de Francisco de transformación tranquila y sosegada, pero imparable, de la Iglesia. Aunque, en opinión de quien esto escribe, sería deseable también que el cardenal Müller no continuara mucho más tiempo como responsable de la Doctrina de la Fe, ya que este es también un puesto clave en la Curia, desde el que se pueden seguir poniendo obstáculos al Pontífice.
Seguiremos atentos a los acontecimientos para analizar cualquier novedad.