domingo, 27 de marzo de 2016

BENEDICTO XVI, PAPA EMÉRITO

En estos días de Semana Santa hemos podido leer y escuchar que el Papa emérito Benedicto XVI está en un momento de declive físico y su secretario personal ha explicado que su vida se apaga lentamente...
Si bien Benedicto, el cardenal Ratzinger, se puede considerar un Papa de transición a todos los efectos, tiene, no obstante, muchas peculiaridades importantes en su personalidad y en su vida como sucesor de Pedro y anterior a esa última etapa. Son muchas las connotaciones que se pueden destacar de él. Considerado un gran intelectual de la Iglesia, con una importante obra escrita, que participó activamente como asesor en el Concilio Vaticano II, dirigió la Prefactura de la Congregación para la doctrina de la fe, antigua Inquisición, modernizada por Pablo VI.
Lo que no ha sido, como leíamos en un comentario de alguien, es un papa sencillo y humilde. Todo lo contrario. Benedicto se olvidó de la humildad en las formas, aunque si algo menos en el fondo, especialmente en su ultima etapa. Un estilo muy rococó en sus vestimentas, y en los actos litúrgicos, contrastaba con la humildad y pobreza que debería existir en el seno mismo de la Iglesia y que el Papa actual está imponiendo poco a poco.
Su gusto por el lujo y la aparatosidad en su revestimiento tanto diario como ceremonial, hacía que alguien le llamase, con todo el respeto, el Curro Romero de la Iglesia. Sus formas por tanto eran muy ortodoxas y conservadoras.
Benedicto siguió y permitió, incapaz de controlar, el declive en la vida vaticanista, que ya provenía del deterioro físico de los últimos años de un papa como Juan Pablo II, mucho más moderno en sus aspecto y en las formas que en la dureza de su doctrina, que contrastaba con las enseñanzas del Vaticano II e incluso retrocedía muchos años atrás, ignorando el avance y el progreso del mundo, en la mayoría de sus discursos.
Benedicto siempre quiso ser Papa y esa era la sensación que daba. Se consideró que fue elegido un poco por pura insistencia, directa o indirecta, por parte del anterior Obispo de Roma y de su entorno; y sobre todo por que se consideraba un hombre muy del vaticano y fácil por tanto de manejar por las fuerzas vivas vaticanistas.
No obstante hay que reconocerle cosas importantes. Aparte de su intelectualidad, ya citada, su vasta cultura y conocimiento de la teología, si bien en principio dirigida a la apertura, fue girando hasta el fin conservador que se perseguía en los años de su prefactura en el Vaticano.
Sin embargo hay una cosa que le eleva por encima de la mayoría del resto del Colegio cardenalicio y que le hará pasar a la historia por su generosidad y su altura de miras, y que sin duda le ha convertido en un Papa importante. Y no es otra cosa que su renuncia al papado, cuando la Iglesia se descomponía, no solo en el Vaticano sino en muchos otros lugares de la tierra. Con esa renuncia no solo trató de solucionar un problema actual sino que abrió una puerta para que en el futuro no tengamos que ver a un papa decadente manejado por un Vaticano en parte corrompido, como vimos en los últimos años de Juan Pablo y en el papado de Benedicto que no se sintió con fuerzas ni apoyos suficientes para dar un giro de ciento ochenta grados a la Iglesia, como empezó a dar su sucesor el Papa Francisco, desde el mismo momento en que fue proclamado, y al que él, Ratzinger, ha ayudado y mucho desde su retiro, deshaciendo, incluso, varios intentos desestabilizadores en el Vaticano. De Francisco hablaremos en otra ocasión.
Hoy podemos decir que Benedicto XVI se ha ganado, al final, cuando menos, el reconocimiento y el respeto de todos.