Es la primera Navidad del nuevo papa y hoy, 25 de diciembre, como es tradicional, ha dado la bendición urbi et orbi a la ciudad de Roma y al mundo. Revestido con esclavina roja y estola papal, pero sin capa pluvial (que sí usaba, por ejemplo, Benedicto XVI) se ha dirigido a los católicos, y a los que no lo son, en un discurso previo en el que no se ha olvidado de ningún país ni zona en conflicto o en guerra del mundo, ni siquiera los de lugares más remotos; esos a los que habitualmente no alcanzan los informativos de las grandes televisiones. Un discurso que, en todo momento, subrayaba su preocupación y, por tanto, la de la Iglesia, por el respeto, sobre todo y ante todo, a la dignidad humana y a los derechos humanos.
También ha clamado, como es habitual en él, por la paz, que es el otro gran tema que ha marcado su discurso; una paz “desarmada y desarmante” Menciones expresas a Ucrania y a Palestina pero también, como ya hemos comentado en líneas anteriores, a todos los territorios en conflicto del planeta.
En el discurso también ha tenido su espacio la gran preocupación social de Robert Prevost, con mención expresa, por ejemplo, a “los trabajadores explotados con bajos salarios”
No ha habido separación entre los principales temas mencionados, porque los ha hilvanado muy bien en el discurso, con buen criterio, ya que realmente no se pueden compartimentar porque están relacionados ¿O acaso puede haber paz en ausencia de justicia social o de respeto a la dignidad del ser humano?
Por tanto ha sido un discurso certero, al estilo de Prevost (que tiene su estilo propio muy marcado, gracias a su fuerte personalidad) pero en línea de continuidad con el pontífice anterior en los asuntos fundamentales, con gran preocupación por problemas universales que afectan a los católicos de todo el mundo, por supuesto, pero también a la humanidad en su conjunto.
Dentro de muy poco; el 7 de enero, comenzará el consistorio extraordinario convocado por León XIV, que también seguiremos desde aquí con atención ya que, con toda seguridad, será el momento en el que Prevost inicie su paso de las palabras a los hechos, sobre todo en lo concerniente al gobierno de la Iglesia.







