En un giro relativamente inesperado de los acontecimientos, hoy se ha conocido que el papa ha aceptado la renuncia de Rafael Zornoza. Después de las declaraciones de Argüello y del canutazo de los martes de Prevost desde Castel Gandolfo y de que la jerarquía de los obispos españoles se reuniera en Roma con el Santo Padre sin novedades sobre el asunto, todo parecía apuntar a que la aceptación de la renuncia del obispo acusado de pederastia se haría esperar, pero finalmente no ha sido así.
Recordemos que la aceptación de la renuncia está muy vinculada a las acusaciones que pesan sobre Zornoza, ya que aunque los obispos y arzobispos están obligados a presentarla al cumplir 75 años, generalmente el Pontífice suele tomarse su tiempo (a veces incluso años) para aceptar la renuncia, por lo que, obviamente, no es casual que la del obispo de Cádiz y Ceuta haya sido aceptada en medio de la polémica sobre la investigación que se está realizando a su persona a raíz de la denuncia presentada hace 4 meses en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
Esto implica que, presumiblemente, el caso pasará al Tribunal Apostólico de la Rota Romana (hasta ahora se encontraba en la Rota de la Nunciatura, también conocida como Rota española). Además, León XIV ya ha nombrado un administrador apostólico (no confundir con el administrador diocesano. El administrador apostólico es nombrado directamente por el papa, particularmente en situaciones de especial gravedad). El elegido por Prevost para hacerse cargo provisionalmente de la vacante dejada por Zornoza es el obispo auxiliar de Sevilla, Ramón Valdivia.
Ha resultado un poco extraña la cronología de los acontecimientos en relación a este asunto. Si es cierto que la Santa Sede dio verosimilitud a la denuncia desde el primer momento, sorprende que se haya tardado tanto en reaccionar. Da la impresión que la jerarquía eclesiástica española, con su universalmente conocida habilidad para restar importancia a los acontecimientos graves, aprovechó la coyuntura de un papa recién elegido, para dejar el asunto suspendido indefinidamente en el tiempo y convencer a Prevost de que la situación estaba controlada y no había motivos para tomar medidas adicionales. Obviamente, nada más lejos de la realidad. Afortunadamente León XIV ya ha movido ficha. Veremos.



