Ya lo habíamos avisado
en anteriores artículos; se estaba gestando un frente de oposición, muy
beligerante, contra el Papa Francisco y las posiciones aperturistas en la
Iglesia que él mismo representa. Pero no éramos conscientes del verdadero
alcance de las intrigas hasta que en los últimos días, se han venido publicando
en medios de comunicación de reconocido prestigio, tanto dentro como fuera de
Italia, informaciones alarmantes sobre un complot urdido vilmente por un grupo
de cardenales, algunos de bastante peso e incluso altos cargos en la Curia,
para desautorizar a Francisco. Ahora todo concuerda; las declaraciones previas
al Sínodo contra algunas de las propuestas más avanzadas que iban a presentarse
en este, incluida la presentación de un libro, y algunas voces que llegaron al
delirio de poner en duda la legitimidad de Bergoglio para ocupar la silla de
Pedro.
El último hecho,
gravísimo, que hemos conocido, es que los conspiradores buscaron, sin éxito, la
complicidad de Benedicto XVI para unirlo a su confabulación, dando así un golpe
de efecto que dejaría a la Iglesia católica, de facto, en una situación de
cisma. Fueron a hablar con Ratzinger, a espaldas de Francisco, para que les
apoyara en sus planes de hacer fracasar toda la línea de reformas dentro de la
Iglesia que está llevando a cabo el Papa, pero llegaron más lejos aún; le
propusieron que se pronunciara públicamente contra Bergoglio y las ideas más
aperturistas que introdujo para el debate sinodal. La negativa del Papa emérito
fue clara y además, informó, a través de su secretario personal - que también
ocupa el cargo de secretario de la Casa Pontificia - a Francisco de las
maquinaciones contra él.
Entre el grupo de
cardenales desleales al vicario de Cristo, se encuentran nombres de especial
relevancia, entre los que destaca el cardenal Gerhard Müller, que es el
prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (una de las más
importantes de la Curia, que ocupó Joseph Ratzinger antes de ser elegido Papa).
Afortunadamente, la
reacción de Benedicto XVI estuvo al nivel de su gran altura intelectual y
moral, pero el mero hecho de que unos miembros del Colegio Cardenalicio se
dirijan al Papa emérito para pedirle que colabore en sus planes de obstaculizar
e incluso impedir al actual Papa desarrollar su labor con normalidad, es
inaceptable y debería ser objeto de una investigación oficial y, por supuesto,
del cese inmediato de los implicados con cargos en la Curia. Pero seguramente
nada de esto ocurrirá, porque Bergoglio está acorralado, igual que lo estuvo su
antecesor, rodeado de "cuervos" dispuestos a lo que sea para que en
el Vaticano nunca se toquen determinados temas ni se afronten verdaderos
problemas. Quizá no sean muchos, pero son poderosos, influyentes y con una
agresividad, a veces silenciosa, que los hace tan peligrosos o más que los
amorales purpurados que poblaban la Santa Sede en la edad media.
No obstante, estaremos
atentos por si hubiera algún tipo de reacción desde el entorno de la máxima
confianza del Papa o desde el propio Pontífice.