martes, 21 de octubre de 2014

INTENTO DE GOLPE DE ESTADO EN EL VATICANO

Ya lo habíamos avisado en anteriores artículos; se estaba gestando un frente de oposición, muy beligerante, contra el Papa Francisco y las posiciones aperturistas en la Iglesia que él mismo representa. Pero no éramos conscientes del verdadero alcance de las intrigas hasta que en los últimos días, se han venido publicando en medios de comunicación de reconocido prestigio, tanto dentro como fuera de Italia, informaciones alarmantes sobre un complot urdido vilmente por un grupo de cardenales, algunos de bastante peso e incluso altos cargos en la Curia, para desautorizar a Francisco. Ahora todo concuerda; las declaraciones previas al Sínodo contra algunas de las propuestas más avanzadas que iban a presentarse en este, incluida la presentación de un libro, y algunas voces que llegaron al delirio de poner en duda la legitimidad de Bergoglio para ocupar la silla de Pedro.

El último hecho, gravísimo, que hemos conocido, es que los conspiradores buscaron, sin éxito, la complicidad de Benedicto XVI para unirlo a su confabulación, dando así un golpe de efecto que dejaría a la Iglesia católica, de facto, en una situación de cisma. Fueron a hablar con Ratzinger, a espaldas de Francisco, para que les apoyara en sus planes de hacer fracasar toda la línea de reformas dentro de la Iglesia que está llevando a cabo el Papa, pero llegaron más lejos aún; le propusieron que se pronunciara públicamente contra Bergoglio y las ideas más aperturistas que introdujo para el debate sinodal. La negativa del Papa emérito fue clara y además, informó, a través de su secretario personal - que también ocupa el cargo de secretario de la Casa Pontificia - a Francisco de las maquinaciones contra él.

Entre el grupo de cardenales desleales al vicario de Cristo, se encuentran nombres de especial relevancia, entre los que destaca el cardenal Gerhard Müller, que es el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (una de las más importantes de la Curia, que ocupó Joseph Ratzinger antes de ser elegido Papa).

Afortunadamente, la reacción de Benedicto XVI estuvo al nivel de su gran altura intelectual y moral, pero el mero hecho de que unos miembros del Colegio Cardenalicio se dirijan al Papa emérito para pedirle que colabore en sus planes de obstaculizar e incluso impedir al actual Papa desarrollar su labor con normalidad, es inaceptable y debería ser objeto de una investigación oficial y, por supuesto, del cese inmediato de los implicados con cargos en la Curia. Pero seguramente nada de esto ocurrirá, porque Bergoglio está acorralado, igual que lo estuvo su antecesor, rodeado de "cuervos" dispuestos a lo que sea para que en el Vaticano nunca se toquen determinados temas ni se afronten verdaderos problemas. Quizá no sean muchos, pero son poderosos, influyentes y con una agresividad, a veces silenciosa, que los hace tan peligrosos o más que los amorales purpurados que poblaban la Santa Sede en la edad media.

No obstante, estaremos atentos por si hubiera algún tipo de reacción desde el entorno de la máxima confianza del Papa o desde el propio Pontífice.

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