Hoy se ha inaugurado el Sínodo sobre la Familia. Hay gran espectación, debido a que la temática del Sínodo es tan importante como controvertida, y probablemente se trata de la reunión más importante que celebra la Iglesia desde el Concilio Vaticano II. Además, el Papa, ha expresado claramente su intención de abrir el debate sobre temas que irritan especialmente a los conservadores más recalcitrantes, como la comunión de los divorcionados y en general una mayor flexibilidad para hacer una Iglesia más acorde con los tiempos que corren y con la situación de la familia en la actualidad.
Francisco, no sólo no tiene miedo al debate sobre problemas que están en la realidad de la sociedad, sino que lo fomenta, sin embargo, sectores minoritarios pero con mucho poder, no quieren ni oir hablar de modificaciones, por pequeñas que sean, en las posiciones que viene manteniendo la Iglesia sobre la familia.
Hace semanas que lo más oscuro de la jerarquía eclesiástica empezó a despertar de su letargo y poco a poco va tomando la forma de un frente de oposición al Papa, muy beligerante e integrista. De hecho, algunas de las manifestaciones públicas - da miedo pesar como serán las privadas - realizadas por miembros del Colegio Cardenalicio, son insólitas por su vehemencia e incluso agresividad, contra el Papa y sus planteamientos reformistas. Y no vienen de cualquiera, ya que algunos de los cardenales han ocupado u ocupan cargos importantes en la Curia, como es el caso del actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Gerhard Müller.
El Papa también cuenta, faltaría más, con sus apoyos, pero estos son mucho más templados y conciliadores en sus declaraciones, como es el caso del secretario del Sínodo, cardenal Lorenzo Baldisseri, que se ha esforzado en explicar obviedades - que para algunos no son tan obvias - como que si negamos que el contexto actual de la familia es diferente al de tiempos pretéritos "nos quedamos anclados 2.000 años atrás". Baldisseri también ha aclarado que en el Sínodo no se adoptarán decisiones, sino que las conclusiones serán la base para la segunda asamblea, que se celebrará en 2015.
De momento, ha quedado claro que Francisco quiere abrir un debate, y algunos cardenales sólo quieren que la Iglesia siga instalada en el inmovilismo y parecen dispuestos a echarle un pulso al mismísimo Papa.
El Sínodo concluye el 19 de octubre. Seguiremos atentos a los acontecimientos.
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