Cada vez que hace alguna declaración pública sobre la actualidad política en Moncloa y Ferraz se frotan las manos. Se llama Luis Argüello, es arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española. Los estrategas que trabajan para el PSOE y para el Gobierno saben que en casi todos los españoles, incluidos muchos conservadores y cristianos católicos, hunde sus raíces un profundo anticlericalismo que ni mucho menos responde únicamente a cuestiones ideológicas, ni políticas ni de fe. Es un sentimiento atávico, fuertemente anclado en imágenes del pasado pero también en muchas malas experiencias personales. Un sentimiento que está más o menos latente si no se remueve demasiado pero, cuando un miembro destacado de la jerarquía eclesiástica, se pronuncia con vehemencia sobre cuestiones políticas, ese sentimiento suele aflorar en las cabezas y los corazones de tantos españoles, con la fuerza que emerge la lava de un volcán que lleva años cargando esa presión magmática bajo el subsuelo.
Entonces vuelven a la conciencia de los ciudadanos imágenes de curas bendiciendo fusilamientos a familiares, del dictador durante 40 años bajo palio y comulgando pero no sólo; también se abren paso en la memoria de muchos ciudadanos, de diferentes generaciones y clases sociales, comportamientos inaceptables de ensotanados, como malos tratos en el colegio, abusos, tocamientos no consentidos y humillaciones por doquier practicadas impunemente durante, no años, si no siglos aprovechando su posición de superioridad y, sobre todo, la confianza de buena fe que cientos de miles de familias les otorgaron para educar a sus hijos, incluso para tutelarlos, pensando que un sacerdote jamás se alejaría de los principios cristianos y evangélicos más esenciales.
Por eso ahora, cuando ven a un obispo, de nuevo, hablar con un tono de presunta superioridad moral, diciendo al gobierno lo que tiene que hacer y a la gente lo que tiene que votar, se les revuelven en las entrañas toda esa memoria del pasado, de un pasado gris y muy oscuro.
Así que, si hay algo ahora mismo que no solo no preocupa en absoluto, si no que incluso se percibe como un alivio en las filas de los socialistas, es que Argüello aparezca dando lecciones y diciendo a todo el mundo lo que tiene que hacer. Incluso rezan porque esto ocurra con mayor frecuencia.

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