Ha ocurrido hoy, a las
siete de la mañana, en su homilía en la capilla de su residencia de Santa
Marta, ante un grupo de víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes.
Francisco ha vuelto a hacer historia regalando a todos los católicos la frase que
transcribimos en su literalidad: "Ante Dios y su
pueblo expreso mi dolor por los pecados y crímenes graves de abusos sexuales
cometidos por el clero contra ustedes y humildemente pido perdón. También les
pido perdón por los pecados de omisión por parte de lideres de la Iglesia que
no han respondido adecuadamente a las denuncias de abuso presentadas por
familiares y por aquellos que fueron víctimas del abuso: esto llevó a un
sufrimiento adicional a quienes habían sido abusados y puso en peligro a otros
menores que estaban en situación de riesgo."
Posteriormente a la Misa, el Papa recibió a las seis víctimas por
separado y en privado. Más de tres horas en total duró el encuentro. Llegaron
al Vaticano el domingo, y pernoctaron en la residencia Papal (de este Pontífice,
ya que los anteriores vivían en el Palacio Apostólico).
El Santo Padre irá más rápido o más pausado, con más o menos ambición
para los cambios, con mayor o menor profundidad en sus reformas, pero lo que
nadie podrá negar es que el Evangelio está siempre presente en todas sus
palabras y sus actos. No es que con sus predecesores no lo estuviera, pero con
Francisco lo está permanentemente, todos los días a todas las horas, en su
hacer y en su predicar, y de una forma muy clara y explícita, tanto que ya está
generando malestar (por llamarlo de alguna manera) en algunos que ya planeaban asesinarlo desde hace meses, y que vieron con estupor como un Papa les
condenaba públicamente y les dejaba fuera de la comunión de la Iglesia, en la
que han llegado a tener dinero, intereses e infiltraciones, y probablemente
todavía mantienen en parte. Pero lo que diga el Vicario de Cristo es muy
importante, y tiene una trascendencia universal y una autoridad moral para
todos los cristianos. Por eso precisamente, puede producir
"sarpullidos" en aquellos a los que planta cara.
Comprendo a los impacientes y a aquellos que desean ver resultados
rápidos, pero ahora, quizás más que nunca, merece la pena esperar, ser
pacientes y confiar en nuestro Papa Francisco.
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