jueves, 28 de agosto de 2014

HABEMUS ARZOBISPO DE MADRID

"Lo que más se parece a un obispo es otro obispo". Como toda frase hecha, tiene una intención generalizadora, pero no tiene por qué ajustarse a la realidad. Ésta es compleja, como el ser humano, y tan desacertado es etiquetar a una persona como decir que todos somos iguales. Lo somos en dignidad, pero en nada más; cada uno tiene su temperamento, sus costumbres, sus creencias, su cultura, su familia, su contexto social, su forma de pensar y ver la vida... Precisamente hoy lo ha recordado el nuevo Arzobispo de Madrid: "Habrá quien no quiera saber nada conmigo, pero yo quiero saber con todos, quiero hacer la cultura del encuentro". En todas las declaraciones de Carlos Osoro se aprecia una visión abierta, integradora y positiva. Nada que ver con su antecesor.
 Osoro tiene un perfil de pastor, lo cual debería ser una obviedad en un arzobispo, pero no lo es: "Lo único que puedo decir es que voy a seguir haciendo lo que he hecho aquí, intentando apacentar a mis ovejas, queriéndolas, dándoles mi amor, haciendo posible que se sientan a gusto, que descubran que somos hermanos aunque podamos pensar de forma diferente". Ser obispo de todos, "como son, no como yo quiera que sean", y "sin imponer".
 Aunque él, con una humildad que le honra, dice no saber nada del tema, lo más probable es que, pasado un tiempo prudencial, Francisco le imponga el birrete cardenalicio.
 En cuanto a como se está tomando Rouco Varela su pase a arzobispo emérito, cabe decir que lo está haciendo con mezquindad; pareciéndose a uno de estos políticos mediocres que se aferran patéticamente a su poltrona. Suena a chiste, pero distintos medios de comunicación afirman que es verdad: el cardenal quiere seguir viviendo en los mismos aposentos en que lo hacía, relegando al nuevo Arzobispo a unas estancias en la planta baja... Cada uno se retrata en su trayectoria, pero la imagen de la despedida queda muy presente en la memoria de los fieles, y en el caso de Rouco no puede ser más lamentable. Y todavía dicen en su entorno que está descontento por "las formas", cuando la paciencia que se está teniendo con él desde Roma es infinita. Su último capricho parece ser continuar hasta finales de octubre porque entonces se conmemorará su vigésimo aniversario como titular de la Archidiócesis de Madrid. Suponemos que debe pensar que hay algo que celebrar.
 Osoro tiene altura pastoral, humana e intelectual de sobra. Si la despliega y la pone en práctica se ganará a los madrileños, que nadie lo dude.






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