Por si fuera poco, también están los dos sujetos amorales que se reparten el poder político en la capital de España (Almeida en el ayuntamiento y Ayuso en la Comunidad Autónoma) dándolo todo para hacerse la foto en el mayor número de procesiones posibles, al tiempo que lanzan furibundas andanadas de insultos, calumnias y desprecios, cada vez más graves y odiosos, contra sus adversarios políticos y cualquiera que no comparta su programa basado en la libertad para sí mismos (incluyendo barra libre para sus prácticas corruptas y para saltarse las leyes que no les gustan) y en combatir impíamente cualquier política o servicio público destinado a acercar la posibilidad de que los más desfavorecidos y vulnerables puedan tener una vida mínimamente digna. Así mismo, no dudan en pactar con la ultraderecha xenófoba y racista.
El alcalde de Madrid es ya universalmente conocido por depauperar, más aún, a los ya de por sí barrios y distritos más pobres de Madrid, a costa de beneficiar a los más privilegiados, incluso con el uso de fondos europeos. La presidenta de la Comunidad ha logrado crear un clima social envenenado de desconfianza de los ciudadanos hacia el sistema público de Salud y sus profesionales, logrando que su región se sitúe a la cabeza de España en usuarios que han decidido contratar un seguro privado para atender sus problemas de salud. Consigue así un lento pero imparable viaje de la sanidad pública de su región hacia la marginalidad, compartiendo objetivo con los intereses privados que la defienden y patrocinan. Además, Ayuso también se permite dar lecciones de ética al gobierno central a todos los niveles; también sobre política internacional, al mismo tiempo que presume de compartir objetivos, principios y confianza con los lobbies pro-israelíes y con su gobierno, cuyo presidente está buscado por la Corte Penal Internacional acusado de crímenes de guerra.
No han dejado ni las cenizas de una Semana Santa entrañable, que además de ser memoria de la vida y crucifixión de Jesús, adalid y defensor de los más pobres y marginados, que en la cruz perdonó a un ladrón y pidió al Padre perdón para sus verdugos, también es una expresión artística y cultural y patrimonio de incalculable valor, tanto material como inmaterial, objeto de estudio, admiración y peregrinaje de gentes de todo el mundo; creyentes y no creyentes.
Realmente no creen en más Dios que el dinero, pero hacen como que creen en Jesucristo para utilizar la más sublime expresión de sus enseñanzas, vida, muerte y resurrección, en beneficio propio y de sus intereses partidistas y electorales, así como para lanzar improperios e incitar al odio contra sus rivales políticos, apelando a los más bajos instintos de sus militantes y seguidores, mientras pisotean los valores que predicaba el Dios al que simulan profesar fe.
Que Dios les perdone.

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