lunes, 8 de junio de 2026

DISCURSO DE LEÓN XIV EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

En el tercer día de la visita del papa a España ha llegado uno de los momentos más esperados y más importantes: su visita a las Cortes Generales, es decir, al Congreso y al Senado reunidos en sesión conjunta, donde reside la soberanía nacional desde que España recuperó la democracia. 

Curiosamente, Prevost llegó sin la esclavina roja y la pectoral dorada con las que se presentó el sábado en el aeropuerto y en el Palacio Real. Sin embargo, fue recibido con el protocolo de las ocasiones más solemnes y asistieron a escucharle prácticamente todos los diputados y senadores, el Gobierno con su presidente al frente, los presidentes del Congreso y el Senado, del Tribunal Constitucional y del Poder Judicial. Todas las autoridades del Estado se encontraban congregadas en el Hemiciclo.

El discurso fue largo y profundo, y en el mismo podemos encontrar valores y principios clásicos de las democracias cristianas; esos partidos políticos que llegaron a tener bastante representación y poder en algunos países de Europa, y que por distintas razones fueron diluyéndose como un azucarillo hasta no quedar ni rastro de los mismos.

El Pontífice subrayó la importancia de la vida humana "desde su concepción hasta su ocaso natural". Citó al papa Francisco, haciendo referencia a lo que su antecesor denominó como "la cultura del descarte". Como todos sabemos ese concepto que ciertamente acuñó Bergoglio, no se refería únicamente al aborto - que también - si no, por ejemplo, a lo que Francisco llamaba "aparcar" a los ancianos y excluirlos simplemente por el hecho de ser mayores y no tenerles en cuenta en las familias ni en la sociedad, como si ya no fueran útiles y sólo quedara la opción de mantenerlos apartados para que no molesten, esperando el final de sus existencias. Respecto al tema de la vida, también hizo lo que podría ser una referencia a la gestación subrogada y también al tráfico de personas: "la vida humana jamás puede ser tratada como mercancía".

Por supuesto, como viene siendo habitual en sus discursos, también habló de la paz, de la concordia, la justicia y la convivencia entre diversos. En este sentido, afirmó que "la verdadera seguridad nace de la justicia y del derecho internacional" y se dirigió a los presentes pidiéndoles "que su vida pública sepa unir la firmeza de sus convicciones y el diálogo noble"

No faltó, en el discurso de Prevost, el tema central de su magisterio: el humanismo cristiano, afirmando que "toda sociedad justa se edifica en la dignidad inviolable de la persona humana". Así mismo, también se refirió a la cuestión migratoria, en su línea de priorizar la condición de seres humanos de los migrantes sobre cualquier otra consideración. Una de las frases que nos dejó sobre este asunto fue: "el trágico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones".

Al terminar su intervención el Santo Padre recibió una ovación de 7 minutos, que cesó tras su salida del Hemiciclo. 

Seguidamente el Pontífice se dirigió a la sede de la Conferencia Episcopal Española. A los obispos les habló de la sinodalidad y el camino sinodal de la Iglesia y también trató el grave asunto de los abusos en el seno de la Iglesia, que calificó como "plaga" y en este sentido subrayó la importancia de la prevención así como de la reparación.









 


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