Palabras del Santo Padre pronunciadas esta mañana, en su homilía durante la celebración eucarística, ante más de un millón de fieles. Sucede aquí, en España, que Prevost pone bastante nerviosos a ciertos sectores muy conservadores, autoproclamados católicos a los cuatro vientos, pero que, sin embargo, a menudo contradicen de forma flagrante con sus actos y discursos el magisterio del papa. Frecuentemente Prevost pone "el dedo en la llaga" en sus discursos y homilías, lo que produce gran incomodidad en los citados grupos.
En su homilía de esta mañana también ha animado a los católicos a llevar su fe fuera del ámbito privado y a no conformarse meramente con la práctica básica de los sacramentos si no ir más allá y convertirse también en agentes de cambio de la historia.
Así mismo, León XIV nos ha dejado imágenes históricas del papa procesionando con la Custodia en las calles de Madrid, un Madrid abarrotado por el pueblo de Dios y abierto a las enseñanzas del papa León.
Los Reyes de España y la Princesa de Asturias también han estado presentes en la Misa. La Eucaristía fue concelebrada por todos los obispos presentes, incluidos el cardenal de Madrid, Cobo y el de Barcelona, Juan José Omella.
Como en las ocasiones más solemnes, el Evangelio fue cantado. Todo ello nos lleva a reflexionar sobre lo auténticas y bonitas que son las celebraciones litúrgicas actuales de la Iglesia Católica, en contraste con otras: se celebra la Palabra y se proclama el Evangelio, pero sin griterío. Se acompaña con música, pero sin ruido. Se reza, pero no se chilla. El Vicario de Cristo lee su homilía y expone su magisterio, pero no lo hace un engañabobos que predica a "brochazo gordo" y gusta de escucharse a sí mismo.
En la jornada vespertina de hoy, su segundo día de viaje apostólico en España, a Prevost le espera una reunión privada, en la Nunciatura, con la comunidad Agustina local y a las 18 horas se dirigirá al Movistar Arena para mantener allí un encuentro con el mundo de la cultura, el arte, el deporte y la economía. A buen seguro volverá a dejar en su discurso esencias de su magisterio que, como hemos comprobado, no deja indiferente a nadie.





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