Se colaron en la agenda vespertina de Robert Prevost dos entrevistas no previstas; con la presidenta de la Comunidad de Madrid y con la Reina emérita Sofía. Esto hizo acumular a la comitiva papal una demora con la que no se contaba, lo que llevó a cancelar uno de los tramos en papamovil previstos desde hace más tiempo; el que le iba a llevar desde la Glorieta de Pirámides, calle Toledo, Gran Vía de San Francisco y Bailén hasta la Catedral de la Almudena. Miles de personas abarrotaban también esas vías para ver al papa. Algo que apenas pudieron hacer, como consecuencia de que el Santo Padre tuvo que hacer un hueco en su apretada agenda para cumplir el capricho de personalidades privilegiadas.
Entró en la Catedral revestido con roquete, esclavina roja y pectoral dorada. También llevaba una estola sencilla pero bonita.
La patrona de Madrid tiene una historia singular; apareció detrás de una muralla, que ha servido para algunas metáforas muy bien traídas en la retórica papal de este acto. Además la Almudena es muy querida y no somos pocos los madrileños que hemos sentido su protección en muchos momentos. La llevamos siempre en nuestros corazones y nos da guía, protección, fuerza, fe y su amor infinito. León XIV la ha distinguido con la Rosa de Oro. También le ha rezado y orado junto al resto de la feligresía presente.
Al finalizar, sí ha subido al papamovil recorriendo las calles más céntricas de Madrid, que aún siendo día laborable se encontraban llenas de madrileños y peregrinos venidos de todas partes del mundo.
Esta tarde culmina los días madrileños de su viaje con un acto con la comunidad archidiocesana en un abarrotado estadio Santiago Bernabeu. Otro baño de multitudes.
Mañana le espera Barcelona.







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