viernes, 23 de mayo de 2014

DE JUAN PABLO II A FRANCISCO, PASANDO POR BENEDICTO XVI


El 28 de febrero del 2013 la imagen de un Papa haciendo efectiva su renuncia conmocionó al mundo. Hacía siglos que algo así no sucedía. Lo anunció en latín el 11 de febrero del mismo año.

Después de casi siete años de pontificado, no exentos de algunas polémicas y dos escándalos importantes (el llamado "Vaticanleaks" y la destitución del presidente del Banco del Vaticano) el Romano Pontífice presentó su renuncia, motivando su decisión sencillamente en que se había quedado sin "fuerzas" debido a su "avanzada edad".

En mi opinión, es justo decir que se fue con una dignidad a la altura de su alta responsabilidad. Pero, en cualquier caso, el contraste con el final del pontificado de su inmediato antecesor fue evidente; San Juan Pablo II nos puso a todos el corazón en un puño con su agonía televisada en directo, agotando hasta el último aliento que le quedaba en el ejercicio del ministerio petrino.

Wojtyla fue hombre carismático y extrovertido, reservado y estudioso es Ratzinger. Parece que los cardenales del cónclave del 2005 apostaron por la continuidad, pero la persona que eligieron para ello era de un perfil absolutamente distinto e incluso contrario al de Juan Pablo II. Si bien es cierto que Ratzinger había pasado muchísimos años en la curia trabajando a las órdenes de Wojtyla, al parecer con bastante sintonía entre ambos.

En esto llegamos al 2013 y el Papa Benedicto XVI nos sorprende a todos con su renuncia. En las congregaciones previas al cónclave para elegir a su sucesor, un grupo de cardenales, sobre todo estadounidenses y en general anglosajones toman la iniciativa para crear la corriente de opinión de que es necesario un giro de timón en la dirección de la Iglesia católica. Éstos van sumando apoyos de cardenales latinoamericanos y algunos europeos, con el resultado final que ya conocemos; la elección de Bergoglio como nuevo Pontífice, a la edad de 76 años (77 cumplió en diciembre del mismo año).

Se había rumoreado que el nuevo obispo de Roma sería joven (para un cardenal ser joven es estar entre los 60 y 70 años más o menos). Algunos consideraban que después de haber elegido a Ratzinger, ya mayor, era el momento de apostar por otro pontificado largo. También se decía que después de un polaco y un alemán tocaba de nuevo un italiano. Ríos de tinta quedaron en papel mojado. Es cierto que Bergoglio ya había obtenido bastantes votos - según se dice el segundo después de Ratzinger - en el cónclave del 2005, pero la verdad es que para esta ocasión se encontraba incluido en muy pocas quinielas, casi ninguna.

A mi juicio, el colegio cardenalicio acertó plenamente con la persona, pero no tanto con los tiempos. Creo que Bergoglio ya era el hombre del momento en 2005, cuando contaba con una edad (alrededor de los 70) casi perfecta para tener un pontificado con tiempo para desarrollar sus ideas de como de debe ser y funcionar la Iglesia, pero tampoco tan largo como el de Juan Pablo II.

Sin embargo, fue elegido hace poco más de un año, con una edad que supera a la que se les pide a los obispos (75) para que presenten su renuncia. Teniendo en cuenta que parece un hombre con unas ideas muy claras, pero pensadas para ir desarrollándolas poco a poco y sin ninguna prisa, su edad puede suponer una dificultad adicional nada desdeñable. Recordemos que San Juan XIII, murió dejando sin concluir el Concilio Vaticano II, que tuvo que terminar su sucesor, Pablo VI.

Aún así, más allá de los gestos - que también son de agradecer - Francisco ha tomado ya algunas decisiones que, si dan sus frutos en el curso del actual pontificado, pueden traer algunas reformas de calado en la Iglesia católica:

- Creación del Consejo de Cardenales, para el asesoramiento del Papa y con el objetivo de realizar un reforma de la Curia Romana.

- Poner orden, transparencia y en definitiva un mayor control sobre la economía y las finanzas vaticanas, creando para ello tres comisiones de trabajo y una nueva Secretaría de Economía.

- Creación de una comisión especial para la lucha contra la pederastia en la Iglesia y la atención de las víctimas.

- Convocatoria de un Sínodo extraordinario de obispos, que tendrá lugar en el Vaticano entre el 5 y el 19 de octubre del 2014.

Por otra parte, cabe destacar que no tardó mucho (dentro del parámetro en que se mide el tiempo en la Santa Sede) en nombrar nuevo Secretario de Estado al cardenal Pietro Parolin, que tomó posesión de su cargo el 15 de octubre del 2013, sustituyendo al polémico Tarcisio Bertone. Parolin es un diplomático de larga experiencia en el Vaticano. Hasta el momento está actuando con discreción, lo cual ya es positivo, después del mandato demasiado protagonista de su antecesor.

Francisco está teniendo habilidad y carisma para ganarse el cariño de la gente, y una actitud humilde que le hace más cercano y auténtico. No obstante, su elección despertó tantas expectativas en algunos sectores, sobre todo los más cercanos a la teología de la liberación, que ya está recibiendo algunas críticas, por ejemplo, se le está reprochando exceso de lentitud en pasar de los gestos y las palabras a los hechos, y en este sentido alguna voz cualificada ha opinado que la creación de tantas comisiones puede, de algún modo, servir de distracción, para finalmente evitar tomar decisiones importantes.

A mi modo de ver, coincido en que hoy en día es poco operativo dirigir una empresa o institución a base de crear muchas comisiones, pero toda regla tiene su excepción y la Santa Sede encaja en un perfil excepcional. Además, considero que es inteligente, estratégicamente hablando, que el Sumo Pontífice no se exponga en exceso, colegiando las decisiones, y compartiéndolas con el colegio cardenalicio y los obispos, poniendo en valor los Sínodos, y en definitiva una cierta descentralización de la toma de decisiones en la Iglesia.

No cabe duda que va a ser un pontificado interesante. Lo que está por ver es si sólo se introducirán matices y reformas a pequeña escala, o los cambios serán de una mayor importancia. El tiempo nos lo dirá.

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