El 28 de febrero del
2013 la imagen de un Papa haciendo efectiva su renuncia conmocionó al mundo.
Hacía siglos que algo así no sucedía. Lo anunció en latín el 11 de febrero del
mismo año.
Después de casi siete
años de pontificado, no exentos de algunas polémicas y dos escándalos
importantes (el llamado "Vaticanleaks" y la destitución del
presidente del Banco del Vaticano) el Romano Pontífice presentó su renuncia,
motivando su decisión sencillamente en que se había quedado sin
"fuerzas" debido a su "avanzada edad".
En mi opinión, es
justo decir que se fue con una dignidad a la altura de su alta responsabilidad.
Pero, en cualquier caso, el contraste con el final del pontificado de su
inmediato antecesor fue evidente; San Juan Pablo II nos puso a todos el corazón
en un puño con su agonía televisada en directo, agotando hasta el último
aliento que le quedaba en el ejercicio del ministerio petrino.
Wojtyla fue hombre carismático
y extrovertido, reservado y estudioso es Ratzinger. Parece que los cardenales
del cónclave del 2005 apostaron por la continuidad, pero la persona que
eligieron para ello era de un perfil absolutamente distinto e incluso contrario
al de Juan Pablo II. Si bien es cierto que Ratzinger había pasado muchísimos
años en la curia trabajando a las órdenes de Wojtyla, al parecer con bastante
sintonía entre ambos.
En esto llegamos al
2013 y el Papa Benedicto XVI nos sorprende a todos con su renuncia. En las
congregaciones previas al cónclave para elegir a su sucesor, un grupo de
cardenales, sobre todo estadounidenses y en general anglosajones toman la
iniciativa para crear la corriente de opinión de que es necesario un giro de
timón en la dirección de la Iglesia católica. Éstos van sumando apoyos de
cardenales latinoamericanos y algunos europeos, con el resultado final que ya
conocemos; la elección de Bergoglio como nuevo Pontífice, a la edad de 76 años
(77 cumplió en diciembre del mismo año).
Se había rumoreado que
el nuevo obispo de Roma sería joven (para un cardenal ser joven es estar entre
los 60 y 70 años más o menos). Algunos consideraban que después de haber
elegido a Ratzinger, ya mayor, era el momento de apostar por otro pontificado
largo. También se decía que después de un polaco y un alemán tocaba de nuevo un
italiano. Ríos de tinta quedaron en papel mojado. Es cierto que Bergoglio ya
había obtenido bastantes votos - según se dice el segundo después de Ratzinger
- en el cónclave del 2005, pero la verdad es que para esta ocasión se
encontraba incluido en muy pocas quinielas, casi ninguna.
A mi juicio, el
colegio cardenalicio acertó plenamente con la persona, pero no tanto con los
tiempos. Creo que Bergoglio ya era el hombre del momento en 2005, cuando
contaba con una edad (alrededor de los 70) casi perfecta para tener un
pontificado con tiempo para desarrollar sus ideas de como de debe ser y
funcionar la Iglesia, pero tampoco tan largo como el de Juan Pablo II.
Sin embargo, fue
elegido hace poco más de un año, con una edad que supera a la que se les pide a
los obispos (75) para que presenten su renuncia. Teniendo en cuenta que parece
un hombre con unas ideas muy claras, pero pensadas para ir desarrollándolas
poco a poco y sin ninguna prisa, su edad puede suponer una dificultad adicional
nada desdeñable. Recordemos que San Juan XIII, murió dejando sin concluir el
Concilio Vaticano II, que tuvo que terminar su sucesor, Pablo VI.
Aún así, más allá de
los gestos - que también son de agradecer - Francisco ha tomado ya algunas
decisiones que, si dan sus frutos en el curso del actual pontificado, pueden
traer algunas reformas de calado en la Iglesia católica:
- Creación del Consejo
de Cardenales, para el asesoramiento del Papa y con el objetivo de realizar un
reforma de la Curia Romana.
- Poner orden,
transparencia y en definitiva un mayor control sobre la economía y las finanzas
vaticanas, creando para ello tres comisiones de trabajo y una nueva Secretaría
de Economía.
- Creación de una
comisión especial para la lucha contra la pederastia en la Iglesia y la
atención de las víctimas.
- Convocatoria de un
Sínodo extraordinario de obispos, que tendrá lugar en el Vaticano entre el 5 y
el 19 de octubre del 2014.
Por otra parte, cabe
destacar que no tardó mucho (dentro del parámetro en que se mide el tiempo en
la Santa Sede) en nombrar nuevo Secretario de Estado al cardenal Pietro
Parolin, que tomó posesión de su cargo el 15 de octubre del 2013, sustituyendo
al polémico Tarcisio Bertone. Parolin es un diplomático de larga experiencia en
el Vaticano. Hasta el momento está actuando con discreción, lo cual ya es
positivo, después del mandato demasiado protagonista de su antecesor.
Francisco está
teniendo habilidad y carisma para ganarse el cariño de la gente, y una actitud
humilde que le hace más cercano y auténtico. No obstante, su elección despertó
tantas expectativas en algunos sectores, sobre todo los más cercanos a la
teología de la liberación, que ya está recibiendo algunas críticas, por
ejemplo, se le está reprochando exceso de lentitud en pasar de los gestos y las
palabras a los hechos, y en este sentido alguna voz cualificada ha opinado que
la creación de tantas comisiones puede, de algún modo, servir de distracción,
para finalmente evitar tomar decisiones importantes.
A mi modo de ver,
coincido en que hoy en día es poco operativo dirigir una empresa o institución
a base de crear muchas comisiones, pero toda regla tiene su excepción y la
Santa Sede encaja en un perfil excepcional. Además, considero que es
inteligente, estratégicamente hablando, que el Sumo Pontífice no se exponga en
exceso, colegiando las decisiones, y compartiéndolas con el colegio
cardenalicio y los obispos, poniendo en valor los Sínodos, y en definitiva una
cierta descentralización de la toma de decisiones en la Iglesia.
No cabe duda que va a
ser un pontificado interesante. Lo que está por ver es si sólo se introducirán
matices y reformas a pequeña escala, o los cambios serán de una mayor
importancia. El tiempo nos lo dirá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario