El viaje que Francisco
va a realizar a Tierra Santa está generando gran interés y expectación. No es
para menos. Hace 50 años que Pablo VI realizó una visita histórica,
consiguiendo romper una brecha que parecía insuperable, e iniciando un camino
hacia el ecumenismo, que sus sucesores han continuado, siendo hoy el diálogo
interreligioso prácticamente una "política" de Estado de la Santa
Sede.
Es una visita
valiente, la que va a iniciar Bergoglio el próximo 24 de mayo, porque todo
viaje a Tierra Santa conlleva riesgos a todos los niveles (políticos,
diplomáticos, de seguridad, etcétera). De hecho, el último precedente que
tenemos, que es el viaje que realizó Benedicto XVI, no salió del todo bien, ya
que se le miró con "lupa" por unos y otros, debido a controversias
previas en las que se vio envuelto Ratzinger, como consecuencia de una falta de
tacto en alguno de sus discursos. Una vez realizada la visita, si bien no fue
considerada un fracaso, pasó sin pena ni gloria.
La visita está
previsto que se desarrolle del 24 al 26 de mayo. Si consigue mantener viva, e
incluso fortalecer, la "llama" del ecumenismo inaugurada hace 50 años
por Pablo VI y reforzar los frágiles vínculos de la Santa Sede con los
distintos pueblos que allí habitan, podrá considerarse que el viaje ha sido un
éxito e incluso un acontecimiento de especial relevancia dentro de su
pontificado. De lo contrario, si genera alguna polémica, se interpreta mal
alguno de sus discursos, gestos o sencillamente se queda en una visita
protocolaria e irrelevante, entonces será el primer fracaso serio de su
pontificado. Todo un reto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario